martes, 23 de junio de 2015

Ahab y San Sabino

Hace muchos años, un ermitaño -que más tarde fue conocido como san Sabino- vivía en una cueva de esta comarca. En aquella época, Viscos era un puesto de frontera, en donde vivían bandidos huidos de la justicia, contrabandistas, protitutas, aventureros en búsqueda de cómplices, asesinos que descansaban entre un crimen y otro… El peor de todos, un árabe llamado Ahab, controlaba el pueblo y sus alrededores, y extorsionaba a los agricultores, quienes a pesar de todo, insistían en vivir de una manera digna.

Un día, san Sabino salió de su cueva, se dirigió a la casa de Ahab y le pidió permiso para pasar la noche allí, Ahab echó a reír:
-¿Acaso no sabes que soy un asesino, que ya degollé a varias personas en mi tierra, y que tú vida no tiene ningún valor para mí?
-Lo sé -respondió Sabino-, Pero ya estoy harto de vivir en la cueva. Me gustaría pasar una noche aquí, al menos una.

Ahab conocía la fama del santo, que era tan grande como la suya, y eso lo incomodaba, porque no le gustaba compartir su gloria con alguien tan frágil. De modo que decidió matarlo aquella misma noche, para demostrar a todos quién era el único y verdadero dueño del territorio.

A pesar de que Ahab se había puesto a filar su puñal en cuanto san Sabino había puesto los pies en su casa. Convencido de que el mundo era un reflejo de si mismo, decidió desafiarlo y le preguntó:
-Si ahora entrase la prostituta más bella que ronda por él pueblo, ¿Te sería posible pensar que no es bella y seductora?
– No, pero conseguiría controlarme -respondió el santo.
-Si te ofreciera muchas monedas de oro para que dejaras la montaña y te unieras a nosotros, ¿Te sería posible mirarlas como si fueran piedras?
-No, pero seguiría controlándome.
-Si vinieran a verte dos hermanos, uno que te detesta y otro que te considera un santo, ¿Te sería posible pensar que los dos son iguales?
-Aunque me hiciera sufrir, conseguiría controlarme y los trataría a los dos de la misma manera.

Ahab quedó impresionado por las palabras del santo, pero era un hombre desconfiado, y ya no creía en el Bien.

Indico un lugar donde Sabino podía echarse a dormir, y empezó a afilar su daga, amenazadoramente. Sabino, después de observarlo durante unos instantes, cerró los ojos y se durmió.

Ahab se pasó la noche entera afilando la daga.

A la mañana siguiente, cuando Sabino se despertó, lo encontró a su lado, llorando desconsoladamente.
-No has tenido miedo de mí, ni me has juzgado. Por primera vez alguien ha pasado la noche a mi lado confiando en que yo podía ser un hombre bueno, capaz de ofrecer refugio a quien lo necesita.
Por que tú creías que podía obrar bien, he obrado bien.

A partir de entonces, Ahab abandonó su vida delictiva, y empezó a transformar la comarca. Fue entonces cuando Visco dejó de ser un puesto fronterizo, plagado de marginales, para convertirse en una cuidad próspera entre dos países

Sabino y Ahab tenían los mismos instintos; el Bien y el Mal luchaban por ellos, como luchaban por todas las almas de la Tierra.

Cuando Ahab comprendió que Sabino era igual que él, también comprendió que él era igual que Sabino.
Todo era cuestión de control. Y de elección. Nada más









viernes, 19 de junio de 2015

19/06/15

Siempre me llamó la atención la frase "Nadie es profeta en su tierra" de la Biblia, pero no entendía su significado, hace unos dos años empecé a asociar el término con ideas mías, pensaba que nadie era profeta en su tierra porque las personas siempre valoraban lo que venía de lejos, no lo que tenían a su alcance y que si una persona quisiera tener éxito debería irse a un lugar donde pudieran notar que marca la diferencia aunque sea por el simple hecho de ser de otro lado. 
Hace poco mi mamá estaba hablando conmigo y usó esa frase y le pregunté qué significaba para ella y me respondió que nadie era profeta en su tierra porque aquellas personas conocían bien al profeta, desde temprana edad y sabían que no era lo que decía ser. 
Dos opiniones muy diferentes pero ambas podrían tener sentido y eso es algo muy común en la biblia porque para algo está escrita de esa manera, para que cada persona pueda interpretar lo que necesita escuchar. 
Lo que en realidad significa (porque lo acabo de buscar) es lo siguiente:

"Nadie es profeta en su tierra: 
Se aplica a quien obtiene buena reputación fuera de su lugar de origen, cuando en éste no pudo disponer de los medios adecuados para alcanzarla, en ocasiones por envidia o enemistad. También se emplea para aludir a quienes se han visto obligados a abandonar su tierra natal precisamente para conseguir en otro lugar lo que se la negado en el suyo: la posibilidad de desarrollar sus aptitudes."
Esto me hace acordar a otra cosa, a la Alegoría de la caverna de Platón, que en resumen es lo siguiente:
Algunos hombres son criados desde su infancia en una caverna, atados de pies y manos con cadenas de manera que lo único que podían ver era lo que tenían en frente, una pared sin nada más. A sus espaldas había una fogata que hacía que pudieran hacerse sombras en la pared que estos hombres veían, otros hombres pasaban y con muñecos de madera hacían sombras y les decían "Esto, es un hombre" y se criaron pensando que esa sombra que veían en la pared era una figura humana. Un día deciden desatar a uno de los hombres y puede ver a un hombre tal cual es y queda impresionado de que lo que había creído que era "un hombre" no lo era.
Las dos cosas que acabo de contar afirman una cosa, que el ser humano no puede ver las cosas tal cual son sino crear en su cabeza una forma de ver la vida, una realidad personal. Si cada persona transforma lo que piensa en su mundo, y creer que esas cosas que opinamos, pensamos y sentimos son las correctas entonces tenemos la capacidad de crear con nuestras mentes nuestra cárcel o nuestras alas, nuestra felicidad o nuestra tristeza.